sábado, 31 de marzo de 2018

Ángel.- Relato Blogscritores.




¡Hola Bibliófilos!

Bienvenidos. 

¿Cómo están? ¿Todo bien? Espero que así sea. Yo me encuentro excelentemente bien, con muchísimas ganas de compartir esta entrada con todos ustedes. En esta ocasión vengo con un relato que forma parte de la iniciativa Blogscritores. Consiste en, mensualmente, escribir un relato con una palabra clave, en esta oportunidad la palabra ganadora ha sido: "Muerte". 

Sin más dilación, vamos con ello. 

P. D.: Espero que sea de su agrado, cualquier comentario que quieran hacer, o cualquier crítica constructiva, será bien recibido. 



ÁNGEL. 

A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. 

Alphonse de Lamartine.


Amor: 

A pesar de no quererlo hay algo dentro mío que aclama a gritos que escriba estas palabras. Debo confesarte que en un principio tomé el bolígrafo reticente, pero con cada palabra que voy escribiendo, pensando en ti, logro desahogar la pena que tu partida ha dejado en mi corazón.

Verte allí tendida en un ataúd ha sido ver cumplida la peor de mis pesadillas. Mi alma y mi corazón se han hecho trizas y se han marchado contigo. Si tú no estás aquí yo ya no vivo, amor mío.

Ver tus ojos cerrados, la placidez de tu níveo rostro, sabiendo de que no despertarás jamás, es el peor de mis tormentos. ¿Quién me levantará por las mañanas con el aroma a café y tostadas recién preparados? ¿Quién comenzará, entre risas, las guerras de almohadas? ¿Quién me besará a los labios cuando regrese a casa? ¿Quién? 

Veo tu rostro apacible con esa bella sonrisa, que siempre amé, perenne en tus labios, esos que tantas veces besé, que tanto adoré y deseé. A pesar del dolor me siento tranquilo  porque tengo la certeza de que allí donde estés, ya no sufrirás; la enfermedad y los dolores los has dejado atrás para ir a un lugar mejor y disfrutar de la paz que tanto te mereces, o al menos eso es lo que espero con todas las fuerzas de mi corazón.

No puedes ni tan solo imaginarte cuánto te extraño, aunque hace tan poco tiempo que te has ido de mi lado. Extraño verte jugar y correr como si fueses una criatura (en tu interior siempre lo fuiste), extraño tus besos, tus abrazos, tus caricias, tus palabras de aliento, hasta las rabietas que te daban de vez en vez cuando algo no salía tal y cómo deseabas. Extraño todo de ti, mi cielo, pero ya no me queda más remedio que contentarme con los recuerdos que has dejado grabados a fuego en mi corazón y mente. ¡Te necesito, mi pequeña! Sin ti, ya nada será igual.

Miro a través de la ventana de este cuarto que compartíamos y veo el sol que, sin conocer tu ausencia, saluda radiante en un nuevo amanecer y lo envidio. Lo envidio por tener la capacidad de brillar ajeno a todo lo que pasa en el mundo, intentando brindar una luz a todos aquellos que solo ven oscuridad a su alrededor.

Cuando recibí, incluso antes que tú, la noticia de tu enfermedad, la vida se me desmoronó como un castillo de arena alcanzado por una ola y sé que en tu caso fue aún peor. El cáncer se volvió tu más acérrimo enemigo, pero a pesar de su crueldad para contigo tú no te dejaste avasallar por aquel canalla que quería llevarte a la muerte antes de tiempo. Te empeñaste en luchar, y lo hiciste como una leona, como la mujer fuerte que siempre fuiste y que siempre amé.


Hoy, justo hoy mi amor, se cumplen diez años desde que te conocí allá por el año 2008. Recuerdo a la perfección aquella dichosa mañana en la que mis ojos tuvieron el placer de observarte por primera vez; en la que con andares desenvueltos, te encargabas de los turistas, mostrándoles la catedral, comentando sobre esta hermosa ciudad, mientras alternabas entre el español, inglés e italiano. Jamás sabré qué fue lo que viste, aquel día, en este inglés bajito y con malas pintas. Siempre tuve la duda y, aunque te lo pregunté en varias ocasiones, me quedaré sin saber la verdadera respuesta. 

— ¿Qué fue lo que viste en mí? —te preguntaba, insistente.

—Al amor de mi vida —me respondías con una media sonrisa.

—Pero si no tengo nada de lo que puedas haberte enamorado.

—Simplemente, me enamoré de ti. No tengo algo que prefiera sobre el resto. Tú eres bello al completo —respondías acariciándome la mejilla, mientras te sentabas en mi regazo.

Siempre consideré que eras hermosa tanto por dentro como por fuera, aunque suene a puro cliché, pero con los años fuiste volviéndote más radiante. Tan solo le pedía al cielo que me permitiera contemplarte un poco más, sin embargo, éste, me regaló la dicha de poder tenerte en mis brazos, de que me dijeras te amo, de que fuéramos una pareja, sino perfecta, al menos especial.

Iba hasta atrás en aquel grupo de turistas. Me mantenía rezagado porque esa era la manera que había hallado para observarte sin interrupciones y sin que tú tuvieses demasiadas probabilidades de descubrir que aquel extraño no te quitaba los ojos de encima. En un comienzo quería conocer la ciudad, había tardado años en reunir el dinero necesario para aquel viaje, pero en ese momento el único monumento que quería contemplar tenía nombre y apellido, y era mi guía turística.

Tus ojos azules irradiaban serenidad y me brindaban paz; a la vez que tu cabello caoba caía en cascadas hasta tus hombros, enmarcando tu bello rostro aceitunado. En varias ocasiones, nuestras miradas se cruzaron, dándome un vuelco al corazón; sentía que te habías percatado de mi interés y que podrías ofenderte por ello. Mis sentidos no me fallaban. Sí te habías percatado, pero lo que menos hiciste fue enfurecerte conmigo.

Al finalizar el recorrido por los principales puntos históricos de la ciudad, te despediste del grupo y te acercaste a mi sin titubear. En ese momento mi mente se convirtió en un lienzo en blanco; era incapaz de reaccionar.

—Hola —me dijiste sonriendo.

—Ho…hola —respondí con una sonrisa tensa, mientras buscaba serenarme y no hacer el ridículo. Mi sueño de las últimas cuatro horas se estaba volviendo realidad y yo lo iba a estropear como un imbécil.

—Mi nombre es Victoria —agregaste en un fluido inglés.

—Un placer, Victoria. Me llamo John —respondí en español con mala dicción. 

Nos observamos durante largo tiempo, durante los mejores minutos que había vivido hasta ese momento de mi vida. Jamás habría podido imaginar que una belleza como tú podría poner los ojos en un ser tan insignificante como yo.

Las manos me sudaban y un temblor que en vano intentaba controlar, recorría todo mi cuerpo.

—Sé que de seguro te sonará extraño viniendo de una desconocida, pero me gustaría saber sí…—titubeaste por una fracción de segundo. —Me gustaría saber si te apetece cenar conmigo.

Mis ojos se abrieron de par en par, como si de dos enormes platos se tratase; mi cerebro se negaba a procesar lo que me mis oídos habían tenido el deleite de escuchar. «De ser cierto…», pensé, «…los dioses han oído mis plegarias.»

—Perdona… ¿Cómo dices? —pregunté buscando cerciorarme de que no había oído mal.

—Que si te apetece cenar conmigo. No sé, he visto cómo me mirabas durante el recorrido y tú me has parecido un tipo interesante —dijiste, mientras te sonrojabas —. No suelo pedirle a los hombres que salgan conmigo y mucho menos si se tratan de desconocidos, pero... —Sonreíste. —En ésta ocasión, no lo puedo evitar.

Tras esa cena, en la que me la pasé de las mil maravillas (aunque eso ya lo sabes porque te lo he repetido decena de veces), comenzó la relación más bonita e intensa que ni en mis momentos de mayor optimismo hubiese podido imaginar.

Sin pensarlo dos veces decidiste mudarte conmigo a Inglaterra. Siendo sincero, aquello me llamó muchísimo la atención ya que siempre fuiste una mujer independiente y amante de tu trabajo; sin embargo, respeté tu decisión y me sentí el hombre más feliz del mundo. Nadie nunca me había dado una muestra tan grande de amor.

Los años pasaron, uno tras otro de manera vertiginosa, pero a la misma velocidad nuestro amor fue creciendo hasta convertirse en la envidia de cualquier pareja de cuentos de hadas, o al menos así lo sentí siempre; hasta un aciago día en el que aquellos dioses que te pusieron en mi camino decidieron que debías volver junto a ellos. La felicidad que había ansiado siempre llegaba a su fin culpa de ese cáncer que te había elegido como víctima de sus vilezas. Todos nuestros sueños se desvanecieron como pompas de jabón.


Hoy, seis meses después de aquella noticia, me dejaste al fin. Sé que tú no tienes la culpa, pero el dolor que sentí al ver tu cuerpo inerte ausente de signos vitales es imposible de describir. ¡Te necesito tanto…! Siento que, a pesar de todo el amor que te profesé durante estos hermosos y largos años, no te demostré con la suficiente vehemencia que eras el amor de mi vida y eras el impulso que necesitaba para seguir respirando. Tú fuiste un pilar fundamental en mi vida y ahora sin ti me siento al borde del abismo.

Soy una persona muy débil, amor mío. Siempre lo fui aunque intentase ocultarlo a tus ojos, aunque sé muy bien de que me conocías más que nadie. Soy una persona muy diferente a la que siempre quise demostrarte que era; aunque jamás te mentí, tan solo quise ocultar mis debilidades. Sentí siempre, gracias a mi crianza, que debía salir adelante, que los hombres no debemos llorar, que los hombres debemos ser los fuertes y proteger a las mujeres, pero…mírame ahora, desbastado como estoy, llenando éste papel de saladas lágrimas de tristeza. Hoy confirmo que los hombres también lloramos y que, incluso, necesitábamos más protección que vosotras las mujeres. Quizás nos volvamos a encontrar, esa es mi mayor esperanza. 

Tal vez esta sea la última carta que escriba, las últimas palabras que deje plasmadas en papel. Sin ti mi sueño de ser escritor, no tiene sentido alguno. No dejaré de vivir, porque sé que no tolerarías eso, pero mi voluntad se ha vuelto inexistente. No me imagino, cómo puedo vivir cuando una vida que ya me ha sido arrebatada.

La muerte, en estos momentos, es mi mayor amiga. Aquí la espero, con los brazos abiertos, y ansioso, para poder reencontrarme contigo allí donde quiera que estés, mi ángel. Espérame, algún día volveremos a estar juntos y dejaremos de lado esa vil frase de: «Hasta que la muerte los separe.»

Tuyo eternamente… 

John.




Y eso ha sido todo por la entrada de hoy. 

Espero que les haya gustado. 

¡Hasta la próxima!



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COMENTARIOS CLÁSICOS

4 comentarios:

  1. ¡Me encanto tu texto! 😭❤ Te quedo perfecto, y me encantó que lo iniciaras con una frase 😍

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  2. Me has llegado a la patata <3 Sigue escribiendo

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  3. ¡Ailuuz! Me encanta la iniciativa, sabes que me encanta que se pueda tener la posibilidad de mejorar la escritura creativa asi que estare al pendiente con las entradas proximas :3 Me encanto el relato, has tenido un tema del mes que realmente ha sido muy justo para ti jajaja :3 Me quedare al pendiente por mas relatos :D ¡Besooos!

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  4. ¡Hola, guapa!

    Me ha gustado muchísimo tu texto y creo que se te da muy bien y ojalá que algún día te animes a escribir libros, porque que me gustaría mucho leerlos. Gracias por traer este relato a tu blog.

    ¡Besos y nos leemos!

    Marieta ~ Relatos de una náufraga

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Ailuz.