Nostalgia Colchagüina — Karen Bail



¡Hola Bibliófilos! 


Bienvenidos. 


El día de hoy, y después de muchas vueltas, por fin puedo publicar esta entrada, a pesar de que la tengo hace más de una semana lista. Por una cosa o por otra no la pude subir antes, pero aquí está. 😍 Espero que se animen a leer este libro. 🙈 


Hoy es el turno de Nostalgia Colchagüina de Karen Bail. 




Autora: Karen Bail 

Editorial: Publicación independiente. 

Páginas: 244

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Karl ha vivido toda su vida acompañado de un fantasma, el gran amor de su padre. Tras un trágico episodio en su vida, que lo alejó para siempre de su madre, aquel fantasma ha reaparecido. A sus diecisiete años se ve en una encrucijada que lo llena de amargura, sus sueños se ven entorpecidos por la obstinación de su progenitor, por lo que tomará ventaja del pasado para cumplir sus sueños, aunque quizás eso cambie su vida para siempre.

Katrine, obcecada e impulsiva, ha vivido solo con su madre, guardando rencor por no haber conocido a su padre. Ilusionada por conocer el gran amor de quien le dio la vida, hará lo imposible por encontrarse frente a él. La amargura de una vida solitaria, la llevará a descubrir cosas de su pasado, aunque eso signifique hacerle daño a la mujer que le ha dado todo.

Dos jóvenes, dos historias y un gran amor cosechado en Iquique, añejados en el bello valle de Colchagua.



Karen Bail nos presenta una nueva, magnífica y cautivante historia. Nada más ni nada menos que la segunda entrega de su Bilogía Héroes Olvidados: «Nostalgia Colchagüina».


Esta historia, como ya lo mencioné con anterioridad, continúa con la historia —aunque diecisiete años después— que conocimos en Iquique Glorioso. Daniela y Bjørn han crecido, han cambiado, han sido padres y han continuado con sus vidas a pesar de las dificultades que está les ha presentado. Sin embargo, ¿el amor también ha cambiado?


Karen, en esta ocasión nos narra la historia desde una tercera persona, y, más allá de que Daniela y Bjørn continúan siendo el eje principal, Katrine y Karl, sus hijos respectivamente, serán los protagonistas. Ellos, con sus decisiones adolescentes y sentimientos, nos irán guiando a través de las páginas, enamorándonos a cada paso.


Katrine, una muchacha de diecisiete años, pronta a graduarse de la escuela secundaria, y con la ansiedad de conocer al gran amor de su madre, hará todo lo posible por llevarlo a Chile.


Karl, un ser adulto en el cuerpo de un muchacho de diecisiete años, seguirá a su padre en la aventura en la que se embarcará; logrando, por fin, ponerle rostro a un fantasma que lo acompaña desde su nacimiento.


Una historia familiar, un amor del pasado que buscará resurgir, intentando confirmar el dicho de que: «Donde hubo fuego, cenizas quedan». Una historia bellísima, donde los sentimientos, añejados en la barrica de los años, se hacen presentes, acompañados de la historia de un hermoso país, y los paisajes de una de las regiones de este. Paisajes e historia que nos harán enamorarnos de los personajes y del lugar, de una manera increíble.


Los personajes me han dejado, una vez más, perdidamente enamorada. Me han llegado a lo más profundo y me he apegado a ellos como si fueran parte de mí. Porque en verdad eso es lo que son: parte de mí. Me han calado en lo más profundo.


En cuanto a la narrativa de Karen, debo decir que me fascina. Con la fluidez y calidez de quien cuenta una historia junto a una fogata, y la destreza en el uso de las palabras, logra que te empapes de cada detalle, sintiéndote parte de la vida de Daniela, Bjørn, Karl y Katrine.


Sin duda alguna, y con una mano en el corazón, les recomiendo que lo lean —no sin antes leer Iquique Glorioso—, porque es una historia que merece, ciento diez por ciento, ser leída. Aprenderán, sentirán, odiarán y, por sobre todo lo demás, amarán.


Muchísimas gracias a Karen por permitirme ser una de las lectoras betas de este libro y disfrutar en cada paso.



5/5


Y eso ha sido todo por la entrada de hoy.


¿Han leído este libro? ¿Lo leerían?


Recuerden que, para un libro, no hay mejor juez que uno mismo. Todas las opiniones son igualmente válidas.


Sin más que decirles, me despido de ustedes, no sin antes recordarles que: ¡nos vemos en la próxima!


Ailuz. 

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